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domingo, 14 de febrero de 2016

Acerca del Taller del Deseo y la Sexualidad. Una aproximación metapsicológica.









“¿Qué velos son esos que sofocan la  manifestación de  nuestro deseo, el encuentro con nuestra sexualidad?

Proponemos un  trabajo de exploración y contacto con nuestro cuerpo y sus invisibles lastres, a la par que un  desvelamiento de los fantasmas que  amordazan  e  impiden una más libre  expresión del  eros que empuja”.


Son muchos años ya citándonos por primavera lejos  del mundanal ruido para celebrar un encuentro terapéutico convocados por la llamada de dos significantes emblemáticos, deseo y sexualidad, dos palabras muy mediáticas que automáticamente disparan el lubricado imaginario  colectivo al punto de que algún despistado arribó pensando encontrarse algún tipo  de bucólica orgía pastoril  o, con un poco de chiripa y si  había luna, que le cayera el bingo de una bacanal negra. Mmmm. Para evitar chascos semejantes, aviso  para navegantes xxx: este no es su objetivo.

Sirva también para lectores despistados. En este post no voy a hablar de sexo, con todos  mis parabienes al susodicho,  sino acerca de sexualidad y deseo, y asumo desde el encabezamiento, con nocturnidad y alevosía, mi acercadeismo, imperdonable pecado capital gestáltico, lo sé, pero como también anuncio en el título, no pretendo más que una aproximación prudente y rigurosa a semejante y bravío bacalao. En una palabra, metapsicológica. ¿Meta qué? Pues esa es la cuestión, que hay que  meterse en harina, con todo lo que eso supone.  Ahí vamos.

¿Y por qué no voy a hablar de sexo?se preguntará alguno, y parafraseando a Frank Zappa diré, porque hablar de sexo es como bailar de arquitectura.
Pero además procede decir que el concepto de sexo remite habitualmente a lo genital, y la diferencia de los sexos, masculino y femenino, tradicionalmente venía marcada por la presencia o ausencia del pene, distintivo singular aún hoy en día en tiempos de ecografías HD.

Así que no hablaré ni de penes ni de vaginas; hablaremos del deseo y la sexualidad y trataré de aclarar en lo posible el batiburrillo reinante desde una perspectiva psicoanalítica, como corresponde a este humilde servidor en zapatillas, y les ruego me disculpen un momento, el preciso para servirme un Jameson y volver con ustedes, a los que invitaría encantado a que hicieran  lo mismo en pro de una confortable sintonía. Abstemios abstenerse.

¡Ea pues! Vamos allá. Les advierto que este asunto tiene bien poco de sexy y bastante de sesudo, pero es lo que tiene tratar de ponerle palabras a lo real, y nada más real que lo sexual.  Así pues es obligado empezar aclarando lo  que Freud intentó postular, que la sexualidad no se reducía a aquella actividad instintiva destinada a la reproducción, con su propina de placer, propia del mundo animal. 

Pero más allá de la milenaria tradición de la historia de la  anticoncepción por los medios más peregrinos saboteando el plan de la naturaleza (otros le llaman “de Dios”), Freud deshace la equivalencia  sexualidad=genitalidad,  a  la vez que desmonta la ecuación  psiquismo=conciencia. Esta doble operación dinamita el paradigma cultural de toda una época y junto con Darwin y Einstein dan paso a la  modernidad. Pero no nos engañemos, han  hecho falta cien años para que hoy  la ciencia confirme la existencia de las ondas gravitacionales, prodigiosas curvas en el  espacio tiempo, oscuros fenómenos del lejano infinito y más allá, pero pondría la mano en el fuego (¡ay! Mariano) y  no me quemaría, apostando que ningún Isotropón de última generación va a retratar al Inconsciente en pantalla digital alguna por más ultrasondas que le metan en el cerebro al neurocandidato de turno.

Así que asumámoslo, estamos solos en este rincón olvidado de la galaxia que el psicoanálisis alumbra. Sigamos con nuestra velita en ristre y vamos a ver qué vamos viendo.

Sexualidad no es (sólo) genitalidad. Más bien la genitalidad es una suerte de estación términi de un viaje  que empieza  mucho  más atrás, un viaje cuyo principio y origen ya es sexual, desde el polvo que nos engendra hasta el pecho que nos alimenta y calma nuestro primer llanto. Ese encuentro con el pecho nutricio ya es sexual dirá Freud, es más, será la semilla fundante del deseo. Porque cuando el bebé mama no solo ingiere leche, también se nutre de calorcito, de contacto, de mirada, de palabras, de  silencio y de amor. Con suerte, un completito muy nutritivo. Calorías para el cuerpito y para eso que llamaremos psijé o alma. Ese mix vincular fusional va a ser la matriz de la sexualidad y la huella psíquica de esa experiencia, que Freud designa experiencia mítica de satisfacción, se convertirá en la huella desiderativa, marca de un encuentro original con el otro al que siempre se evocará y perseguirá en vano pues ya nunca se alcanzará igual. Esa búsqueda tenaz y al final siempre fallida inscribe la tortuosa ruta del deseo, y a la energía que empuja y lo transita la llamará  libido.

A ese primer tiempo fusional de la escala libidinal le llamará autoerotismo y lo ilustra con el acto del chupeteo del bebé en el que mediante la acción  de chuparse el dedo o el chupete reedita alucinatoriamente la tal experiencia, zócalo psíquico de las futuras fantasías. Así pues en esa acción se imbrican la evocación mnémica y el llamado placer de órgano, resultado de la excitación de una zona precisa, aquí los labios, y que constituye la primera de las llamadas zonas erógenas, zonas privilegiadas en el encuentro con el otro, zonas orificiales sede de una excitación específica por la función de intercambio en juego.

Así pues la organización libidinal va a presentar  distintas fases en función de la zona erógena prevalente, determinando éstas su curso  evolutivo. Serán: la fase oral, la fase anal y la fase genital, aunque más tardíamente (1923) introducirá la fase fálica, precediendo a la fase genital. Simplemente las enumero pero no entraré en ellas porque sería muy farragoso. Quedaría para concluir el pastel, añadir el narcisismo y el heterotismo como los estadíos que completan la serie objetal que inauguraba el autoerotismo.

¿Cómo andamos de enharinados? Comprendo que para el turista, para el lego y para el  bisoño se haga ardua la digestión de tanto  concepto condensado. No problemo, que decía el Arnie, hagan como si meditaran, déjenlos pasar cual si fueran nubes. Y respiren.
Una vez respirados y con todo ese arsenal conceptual en la mochila estamos en condiciones de abordar el que será su concepto estrella, su carta en la manga, su dinamita pa los pollos. Señoras y señores, con todos ustedes…la pulsión.

A propósito de ella dirá Freud que “son seres míticos, grandiosos en su indeterminación” así que mucho me temo que tampoco las detectará el maldito Isotropón. Su grandeza mítica reside en ser un concepto límite entre lo psíquico y lo somático, ahí es na. Un híbrido para tramitar el eterno dualismo cuerpo/alma, un ente que permita articular campos heterogéneos como son lo orgánico y lo  simbólico.

Lo introduce en un texto clave, Los tres ensayos para una teoría sexual (1905), en el que tras hacer un recorrido por las perversiones sexuales catalogadas por Krafft Ebing en su conocida Psychopathia Sexuallis, las clasificará en dos géneros, según sean caracterizadas en cuanto a su desviación del fin o su desviación del objeto, dejando patente como planteábamos al principio, que la sexualidad humana no  podía pensarse en términos de instinto (instinkt), aquel patrón de conducta sexual que rige en la naturaleza encaminándola hacia un objeto predeterminado (heterosexual) con el fin prefijado de la reproducción. Es por eso que recurre al término trieb (pulsión) para desmarcarse de todo naturalismo en lo que a la sexualidad humana concierne. Demonizar y tachar de antinatural prácticas como la masturbación o la homosexualidad es no saber de la misa la mitad. O más bien al verrés, un saber todo-misa.

El paso siguiente va a ser un  martillazo a los cimientos de la ideología reinante. Va a evidenciar lo que era evidente, que hay una sexualidad infantil pregenital, con objetos parciales y sin fin procreativo, glups, a la manera de las sexualidades perversas, reglups, lo que le lleva a concluir su escandalosa tesis de que el niño es un perverso polimorfo. ¡Bang!¡Bang! Freud kaput.

Llegados aquí podría uno preguntarse ¿y para qué tanta alforja? ¿qué tiene esto que ver con el Taller? Lamento tener que abusar  un poco más de su  paciencia pero aún nos queda un paso más que dar. Go on!
Seguimos con Freud. (A Lacan ni mentarlo. Hoy no. No es computable). La brevedad apremia.

Pues resulta que el organismo se halla sometido a unas fuentes  internas de excitación constante de  cuyo  flujo no  puede  escapar y que constituye el  resorte del  funcionamiento psíquico. Es decir, que el  empuje pulsional va a tender a registrarse en el psiquismo. Y habrá un registro que constituirá el llamado representante representacional  (lo que en lacanés llamaremos significantes), y por otro lado contaremos con el llamado quantum de afecto, su substrato cuantitativo, condición más borrosa que remite al lado energético o libidinal.

Malabarismos lacanianos mediante, que hoy tendré  que soslayar, me llevan a postular que la dimensión significante de la pulsión constituirá el territorio del deseo. Y que la dimensión energética será la propiamente pulsional.

Establecido esto podemos proponer un Taller acerca del deseo y la  sexualidad donde una vez distinguidos metapsicológicamente los conceptos y sus campos de influencia se hará factible plantear líneas de trabajo específicas.

Habrá que desarrollar todo un trabajo sobre el cuerpo como vía privilegiada para abordar la dimensión energética de la sexualidad, sus bloqueos y sus éstasis (con ‘s’, claro, pero con la ‘x’ en el horizonte). Un trabajo donde la Bioenergética, la Biodanza y el Tantra se amalgaman y  encuentran su lugar idóneo de expresión.

Y por el lado del deseo, un trabajo sobre el fantasma y sus velos, una exploración sobre la encrucijada edípica, sus tramas y sus trabas. Un poner luz allí donde está oscuro, y ahí, el psicoanálisis y el psicodrama freudiano tienen algo que decir y mucho que escuchar.

Y hasta aquí la semblanza teórica de un taller que es esencialmente vivencial. Un trabajo sinérgico con Susi, que cada primavera desde hace muchos años la vida me regala para disfrutar.


                                                En Mamouna, el 14 de febrero de 2016
       

2 comentarios:

  1. Hola
    He leido tu artículo y me ha parecido superinteresante.
    Susi.

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  2. Hola. Cómo están? Me gusta mucho el Psicoanálisis de Sigmund Freud. Al día de hoy aún me gusta. Saludos.

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